Hoy día del aniversario de la Declaración de los Derechos humanos, es día de reivindicar eso, derechos para los humanos, que cada vez somos más y peor parados, en particular las mujeres.

El otro día practicando una de las aficiones más comunes y menos declaradas por los españoles (poner el oído en conversaciones ajenas) estuve escuchando la conversación entre dos mujeres mayores que se habían visto obligadas a trabajar limpiando casas, tras haberse quedado viudas, recientemente.

Claro, habían pasado a formar parte de los quinientoseuristas o lo que es peor los cuatrocientoseuristas, que pueblan nuestras calles.

No salía de mi asombro, que sistema social permite que en un país que se enorgullece de formar parte del G8, G 20 o Gmil, que salva a su sistema bancario, un sistema que permite que las mujeres ante el infortunio de haber perdido a su marido, se vean abocadas a mendigar trabajo, a rozar los umbrales de pobreza. Si pobreza, esa que se sufre en silencio y no se comunica.

Pensé en todas las mujeres que trabajan de una forma no reconocida, porque lo que no se remunera, no se reconoce, cuidando a sus hijos, luego a sus padres y posteriormente a sus nietos, y cuando envejecen, nuestro sistema perverso, les condena a la explotación de un mercado laboral negro.

Claro, estamos en lo mismo la pobreza no vende, el poder 2.0 si, pero porque no reflexionar sobre esta situación que nos rodea y que apenas nadie recoge en esta blogosfera. No cuentan con un manifiesto, ni con un grupo activo ni siquiera con su propio gurú.

Ayer descubrí un nuevo blog modesto – MUJERES COMO YO -, pero con un proyecto muy importante: visibilizar las historias singulares de mujeres anóminas, esa abuela que cuida a sus nietos, es madre que compagina el trabajo con la familia, la mujer rural, la profesora de toda la vida, etc.

Si conoces una mujer anómina con una historia singular, cuentala, todos tenemos el deber de conocerla.

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